Por David del Salto
Una cristología trinitaria es histórica: La identidad de Jesucristo es definida en la historia, a partir de los datos proporcionados por la historia de Jesús de Nazaret, y registrado en las Escrituras.
Se llega a entender, por lo tanto, que en esa historia se da una revelación especial de Dios; que Jesucristo es la revelación culminante de Dios, por lo tanto, que Dios se revela en la historia. Una cristología trinitaria, por lo tanto, es histórica. Concibe a Jesucristo como la revelación histórica de Dios.
Con esto se corrige la tentación de entender a Jesucristo y a la deidad, a partir de ideas previamente concebidas acerca de Dios y del ser humano. Con esto, entonces, las Escrituras tienen la libertad de decirnos quién y cómo es nuestro Señor. El aspecto histórico y cotidiano, y las opciones de vida de Jesús se recuperan, y le sirven de modelo a la iglesia. La cristología deja de ser una materia especulativa y se torna una historia a ser vivida.
Una cristología trinitaria, por lo tanto, recupera el lado humano de Jesús, tan hecho de menos en la teología tradicional, y sin embargo, tan importante para entender la identidad y la misión de Jesucristo, así como para la identidad y vocación de la iglesia.
Este acercamiento, por lo tanto, provee una salida a la clásica discusión acerca del punto de partida para la cristología: “desde arriba” o “desde abajo”. En este caso, el acercamiento es desde abajo, pero el entendimiento es que allí tiene lugar la revelación de Dios. Si bien se comienza “abajo”, se lo hace sabiendo que Dios ha actuado, y está actuando, de manera singular y definitiva en Jesús de Nazaret.
Una cristología trinitaria acentúa el rol del Espíritu en Jesucristo: Al considerar el dato bíblico se constata que la identidad de Jesucristo, como Dios encarnado, es definida no solamente por la acción del Logos (logocentrismo), sino también por la acción del Espíritu Santo.
Una cristología trinitaria recupera el papel que el Nuevo Testamento asigna al Espíritu Santo en la identidad y misión de Jesucristo, y entiende que, aparte de la acción del Espíritu en Jesucristo, no se podría entender ni su identidad ni su misión.
A partir de este dato viene a ser claro que la Palabra y el Espíritu han trabajado en relación mutua lo largo de toda la historia de la salvación. A su vez, que dicha relación se extiende a las tres personas de la deidad, y que es en realidad constitutiva de la trinidad. En otras palabras, la participación del Espíritu, así como la del Padre, en la conformación de la identidad y misión de Jesús es simplemente una expresión del tipo de relación que existe al interior de la deidad. Dios es comunidad
La pertinencia de lo dicho es múltiple. Al acentuarse el trabajo del Espíritu en Jesús se corrige el acercamiento logocéntrico a la cristología que tiende a priorizar lo divino a expensas de lo humano y lo histórico en la vida y ministerio de Jesús. Corrige la tendencia a desvirtuar el hecho de que la revelación de Dios es histórica, y que por lo tanto en la historia hemos de encontrar los significados a los contenidos de la fe.
Es pertinente, por otro lado, por las tendencias de las distintas expresiones de la iglesia a lo largo de la historia, a identificarse más con una persona de la trinidad, y por lo tanto, con los aspectos de la fe que se han creído más cercanos a dicha persona. El acercamiento trinitario encuentra que cada persona está de alguna manera en la otra persona. Por lo tanto no se puede desmembrar, ni a Dios ni a la fe. El resultado es una visión más completa de Dios y de la fe, y por lo tanto de la iglesia y su vocación en el mundo.
En ese sentido, por ejemplo, si Cristo participa en la creación del mundo, él participa también en su redención, y con el, el Padre y el Espíritu. Creación y redención, por lo tanto, tienen un mismo autor (Dios) y un mismo propósito. La redención abarca todo lo creado. La redención no sucede separada de la creación sino que la incorpora.
A su vez, este acercamiento nos hace caer en cuenta que no existe Cristo sin el Espíritu, así como tampoco existe el Espíritu sin Padre, y viceversa. Esta constatación es importante para el discernimiento de la acción de Dios en el mundo por cuanto le otorga a dicha tarea de un punto de apoyo, en cuanto en Jesucristo tenemos el elemento histórico y concreto que le pone carne a la fe. Hacerlo de otra manera sería como asignarle otro nombre a nuestra fe.
Finalmente, este acercamiento ofrece al creyente una nueva manera de entender la misma realidad y su propia existencia. Si Dios y la realidad última es comunidad, somos llamados a reflejar y vivir aquello, por la acción del Espíritu en nosotros.
Dr. David del Salto

En verdad; y además de la interpretación teológica: la realidad del pecado y la creación; la redención y la presencia histórica de Cristo; la esperanza de la resurrección y la presencia del Espíritu Santo; nos mueven a actuar como sujetos reales indivuduales y sociales, en la perspectiva eterna de Dios trino y uno. Fuimos creados finitos, pero llegaremos a ser eternos por pura misericordia. Ojalá dicha eternidad traspasase el mito de la democracia; para, en obediencia, amar realmente a Dios y al prójimo. Cristo, el ejemplo; Dios el Padre, la voluntad; y Dios el Espíritu Santo, la fuerza que necesitamos. La Iglesia?, dónde entra la Iglesia?……….
quiero que me expliquen que es cristologia lo humano y lo divino ungido y estudio es respaldado con apocalisis 1:8 si podrian explicarme eso porfavor gracias